Doce rabos han sido los cortados en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid desde su inauguración oficial el 21 de octubre de 1934.
(Fuentes consultadas: varias, pero principalmente la Cadena COPE).
1º.- JUAN BELMONTE:


2º.- MARCIAL LALANDA:

La prensa de la época no fue tan unánime entonces como lo había sido tras el triunfo de Belmonte.
Gregorio Corrochano destaca en ABC tres pilares de la faena de Lalanda: la sapiencia a la hora de aprovechar la bravura del burel, los tercios de quites y banderillas y el empleo de la mano izquierda: “En estos tiempos en que hay tanto torero manco de la mano izquierda, nos gusta ver que hay algunos que la usan”.
En la crónica que firma en El Liberal, E. Ayensa expone todas las virtudes del toreo de Marcial, que se vieron, a su juicio, en la faena premiada: “Torear con impecable estilo, tirar de los bichos […], parear al sesgo con perfección y pasar de muleta con todo el interés y entusiasmo”.
Federico Morena hace mención en el Heraldo de Madrid al quite inventado por Marcial: “echó a volar —un vuelo breve, pero sin duda muy vistoso— su inimitable mariposa”.
En cambio, a Federico M. Alcázar, crítico de La Voz, no le convencen ni la mariposa ni los naturales, a los que, explica, “les falta la condición esencial: la naturalidad. Esos pases rápidos, violentos, retorcidos, no pueden calificarse de verdaderos naturales”.
Más meritoria fue para López Cansinos la actuación del madrileño, pues escribe en Ahora que “como si estuviera en deuda se excedió Lalanda en deseos, en valentía y en arte”.
También Recorte, esta vez en La Libertad, destaca el buen hacer de Marcial: “Vino la lidia perfecta de un toro, desde la salida a la muerte, en la que el maestro demostró su ciencia cuidando al bicho, su dominio en los tres tercios y su arte en todo”.
Advierte Curro Castañares en El Debate que el cuarto de Terrones le sirvió a Marcial para “venirse arriba” tras una mediana actuación en su primero: “Apretó el bicho desde su salida al escuadrón, mostrándose tan bravo con los jinetes como suave con los peones, y entonces decidióse Marcial a sacarse la espina, con un plausible alarde de voluntad”.
Sobre el cambio de actitud del torero abunda C.A. en La Época: “En el cuarto, las voces y silbidos que el público le había dedicado anteriormente, le recordaron que toreaba en Madrid, y Marcial tomó las banderillas y puso tres pares, muy buenos los dos últimos”.
3º.- MANOLO BIENVENIDA:


“Apenas le habían tanteado los peones, Manolo Bienvenida bordó una serie de verónicas, quietas, templadas y elegantes. Los olés del público le fueron acompañando hasta estallar la ovación unánime. Siguió con un quite extraordinario, magnífico, en el que el capote volvió a moverse con toda esa lentitud que imprime angustia, hasta que el lance ha finalizado. Terció Curro Caro con otras verónicas admirables, intervino Cagancho con su gitanísimo estilo y finalizó Manolo Bienvenida con unos lances de costadillo llevados con gran vistosidad. Las ovaciones se sucedieron y el extraordinario tercio de quites fue una constante manifestación de entusiasmo. Pues ni un solo momento se apagaron ya éstos. El sevillano cogió las banderillas y cambió un par enorme aguantando hasta que el enemigo estuvo en su jurisdicción; cambió limpiamente dos veces sin clavar, y a continuación repitió la suerte para dejar otro par en las mismas péndolas. Cerró el tercio con un soberano al cuarteo, alcanzando las ovaciones ecos de clamor. ¡Qué extraordinario rehiletero! Pues todavía fue mucho más notable la faena de muleta. Después de iniciarla con dos pases por bajo para recoger al astado se pasó la franela a la mano izquierda y embebiendo al bicho giró lentamente para dibujar tres ceñidísimos naturales, que tuvieron su culminación en un apretadísimo pase de pecho. Ligó otros cinco naturales y otro de pecho y la faena tuvo su complemento después con una afiligranada diversidad de pases por bajo, molinetes, afarolados, ayudados, de pecho, todo lo que pudo dar de sí la gracia sevillana del mejor artista sevillano. Mató de una gran estocada en lo alto, entrando con decisión, y no encuentro frases apropiadas para describir el entusiasmo de los espectadores. Le fueron concedidas las dos orejas, el rabo, dio la vuelta al ruedo devolviendo sombreros y todavía tuvo que salir dos veces a los medios, porque la incesante ovación no encontraba momento propicio para finalizar”. (El Liberal, 4 de junio de 1935).
... continúa en capítulo-II...
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