Saludos cordiales a los aficionados taurinos

En este blog, comenzaré a insertar, anécdotas, curiosidades, datos,... sobre la Fiesta Nacional. Mi intención no es tratar sobre crónicas, noticias, etc, ya que de estos temas, entiendo, ya existen bastantes. Gracias a todos por leerme, proponer sugerencias o aportar datos. También, aquellos artículos que se presten a ello los iré actualizando o aportando nuevos datos. Si alguna imagen no debe estar en este blog, les ruego me lo comuniquen y la retiraré de inmediato. (EL AUTOR DE ESTA PÁGINA NO PUBLICARÁ LOS COMENTARIOS CON INSULTOS).

jueves, 19 de mayo de 2011

* Los rabos en Las Ventas (Cap-I).

(SE PUBLICA EN CUATRO CAPÍTULOS)

Doce rabos han sido los cortados en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid desde su inauguración oficial el 21 de octubre de 1934.


(Fuentes consultadas: varias, pero principalmente la Cadena COPE).


1º.- JUAN BELMONTE:

El sevillano cortó el 21-10-1934, al toro "Desertor" de Carmen de Federico (cuarto de la tarde). Alternó con Marcial Lalanda y J.R."Cagancho". Era la inauguración oficial de la plaza de Las Ventas.

La prensa recogió así la faena de ese primer rabo en Las Ventas: “Y sin embargo, lector, si pierdes unos instantes y me sigues, podrás ver que aquello no fue nada, porque Belmonte guardaba para el cuarto las grandes manifestaciones y el esplendoroso brillar de su arte único. El bicho huido, había hecho una mala pelea en varas. No se le pudo torear con el capote. ¿Se iba a conformar el artista? Pronto los semblantes recobraron el brillar de la alegría. Belmonte, solo en el tercio, prendía al manso en los vuelos de su mágica muletilla y le hacía doblar en cuatro ayudados por bajo suaves, templadísimos, sin que la figura del coloso perdiera su escultórico ritmo. y el bicho ya no se fue. Quedó allí a merced del dominio del maestro. Medio metro de terreno le fue suficiente para realizar la gran obra que su musa inagotable le iba inspirando. ¡Plaza monumen­tal! ¡Ilusos! ¿Qué significaban las veintiséis mil almas allí congregadas? Al conjuro del artista no había nada más que una: la suya. Lo extraordinario, lo monumental era él. Aquella multitud ebria de entusiasmo iba enronqueciendo de jalear al torero. Al cuadrar el toro, Belmonte se dejó ir rectamente tras de la espada, recreándose a placer. El acero se hundió centímetro a centímetro. El animal rodó sin puntilla y se produjo un hecho extraordinario. El público quedó mudo. Ni un grito, ni una palma. ¡Se hallaba extasiado contemplando al ídolo! La inmensidad de la plaza se cuajó de pañuelos blancos. Las dos orejas, el rabo. Aquello no había con qué premiarlo. La ovación estalló imponen­te. Belmonte dio una, dos vueltas al ruedo. Los aplausos continuaban atronando el espacio. Belmonte se dejó caer ocultándose en un burladero. La emoción le ahogaba. Lloró. También las lágrimas se deslizaron por las mejillas de los viejos aficionados. [...] ¿Inauguración de la plaza Monumental? ¡Ilusiones! Una plaza muy chica para un torero extraordinario, monumen­tal: ¡Juan Belmonte!” (Alfonso, en El Liberal -23 de octubre de 1934-).


2º.- MARCIAL LALANDA:

El madrileño cortó el 28-10-1934, a un toro de Juan Sánchez de Terrones (cuarto de la tarde). Alternó con Manolo Bienvenida y Pepe Gallardo (que se presentaba en dicha plaza y confirmaba la alternativa). Fue corrida a beneficio de la Asociación de Escritores y Artistas.

La prensa de la época no fue tan unánime entonces como lo había sido tras el triunfo de Belmonte.
Gregorio Corrochano destaca en ABC tres pilares de la faena de Lalanda: la sapiencia a la hora de aprovechar la bravura del burel, los tercios de quites y banderillas y el empleo de la mano izquierda: “En estos tiempos en que hay tanto torero manco de la mano izquierda, nos gusta ver que hay algunos que la usan”.

En la crónica que firma en El Liberal, E. Ayensa expone todas las virtudes del toreo de Marcial, que se vieron, a su juicio, en la faena premiada: “Torear con impecable estilo, tirar de los bichos […], parear al sesgo con perfección y pasar de muleta con todo el interés y entusiasmo”.

Federico Morena hace mención en el Heraldo de Madrid al quite inventado por Marcial: “echó a volar —un vuelo breve, pero sin duda muy vistoso— su inimitable mariposa”.

En cambio, a Federico M. Alcázar, crítico de La Voz, no le convencen ni la mariposa ni los naturales, a los que, explica, “les falta la condición esencial: la naturalidad. Esos pases rápidos, violentos, retorcidos, no pueden calificarse de verdaderos naturales”.

Más meritoria fue para López Cansinos la actuación del madrileño, pues escribe en Ahora que “como si estuviera en deuda se excedió Lalanda en deseos, en valentía y en arte”.

También Recorte, esta vez en La Libertad, destaca el buen hacer de Marcial: “Vino la lidia perfecta de un toro, desde la salida a la muerte, en la que el maestro demostró su ciencia cuidando al bicho, su dominio en los tres tercios y su arte en todo”.

Advierte Curro Castañares en El Debate que el cuarto de Terrones le sirvió a Marcial para “venirse arriba” tras una mediana actuación en su primero: “Apretó el bicho desde su salida al escuadrón, mostrándose tan bravo con los jinetes como suave con los peones, y entonces decidióse Marcial a sacarse la espina, con un plausible alarde de voluntad”.

Sobre el cambio de actitud del torero abunda C.A. en La Época: “En el cuarto, las voces y silbidos que el público le había dedicado anteriormente, le recordaron que toreaba en Madrid, y Marcial tomó las banderillas y puso tres pares, muy buenos los dos últimos”.


3º.- MANOLO BIENVENIDA:

El sevillano cortó el 3-6-1935 a un toro de Tomás Pérez de la Concha, (segundo toro de la tarde). Alternó con Cagancho y Curro Caro.

El cronista de El Liberal, Alfonso, nos cuenta lo sucedido:
Apenas le habían tanteado los peones, Manolo Bienvenida bordó una serie de verónicas, quietas, templadas y elegantes. Los olés del público le fueron acompañando hasta estallar la ovación unánime. Siguió con un quite extraordinario, magnífico, en el que el capote volvió a moverse con toda esa lentitud que imprime angustia, hasta que el lance ha finalizado. Terció Curro Caro con otras verónicas admirables, intervino Cagancho con su gitanísimo estilo y finalizó Manolo Bienvenida con unos lances de costadillo llevados con gran vistosidad. Las ovaciones se sucedieron y el extraordinario tercio de quites fue una constante manifestación de entusiasmo. Pues ni un solo momento se apagaron ya éstos. El sevillano cogió las banderillas y cambió un par enorme aguantando hasta que el enemigo estuvo en su jurisdicción; cambió limpiamente dos veces sin clavar, y a continuación repitió la suerte para dejar otro par en las mismas péndolas. Cerró el tercio con un soberano al cuarteo, alcanzando las ovaciones ecos de clamor. ¡Qué ex­traordinario rehiletero! Pues todavía fue mucho más notable la faena de muleta. Después de iniciarla con dos pases por bajo para recoger al astado se pasó la franela a la mano izquierda y embebiendo al bicho giró lentamente para dibujar tres ceñidísimos naturales, que tuvieron su culminación en un apretadísimo pase de pecho. Ligó otros cinco naturales y otro de pecho y la faena tuvo su complemento después con una afiligranada diversidad de pases por bajo, molinetes, afarolados, ayudados, de pecho, todo lo que pudo dar de sí la gracia sevillana del mejor artista sevillano. Mató de una gran estocada en lo alto, entrando con decisión, y no encuentro frases apropiadas para describir el entusiasmo de los espectadores. Le fueron concedidas las dos orejas, el rabo, dio la vuelta al ruedo devolviendo sombreros y todavía tuvo que salir dos veces a los medios, porque la incesante ovación no encontraba momento propicio para finalizar”. (El Liberal, 4 de junio de 1935).

... continúa en capítulo-II...

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