
En el ABC relataron así la faena: “En cuarto lugar salió al ruedo un toro de Don Antonio Pérez Tabernero. Domingo Ortega abrió su capote. Fueron primeramente cinco verónicas suaves, plenas de naturalidad, de ejecución majestuosa. El capote iba tirando suavemente de la res hacia afuera, ganando terreno el capeador hasta que, en el centro del ruedo, torero y toro se reunieron en media verónica impecable. En el primer quite, Domingo volvió a torear por verónicas, y entre ellas florecieron adornos, que fueron como arabescos intercalados en la línea clásica de los lances de toreo al natural. La gente de a caballo llevaba hasta aquí muy bien la corrida. En la segunda vara, el picador Atienza, agarrando al toro por todo lo alto, se reunió con él, aguantando mucho. El toro, codicioso, recargaba y Atienza, atento al caballo y a la suerte, recargaba en una de las varas mejor puestas que hemos visto. El jinete fue ovacionado. Los de a caballo dieron así una nota sobresaliente en la corrida. Ortega, en la tercera vara, hizo otro quite, jugando los brazos majestuosamente. La faena de muleta, comenzada con uno por alto, fue aumentando en valor a cada pase. Tirando de la res suave. mente fue llevándola hasta el centro de la plaza, y allí, solo, dueño absoluto de su enemigo, cuajó en un bellísimo trasteo. Eran unos pases exactos. No despreciaba los adornos, pero la faena tenía un tono seco, clásico. Ortega toreaba a conciencia. Faltó el remate. Faltó la gran estocada. No empujó lo suficiente sobre el toro que estaba en las tablas, y aunque la ejecución de la suerte fue buena, Domingo sólo consiguió clavar una cuarta del estoque. En la querencia del toril hizo la segunda parte de la faena y allí pinchó otra vez en lo duro, sin conseguir la estocada. Descabelló certeramente y entonces, el público, que había jaleado en tanto la música repetía una y otra vez el nombre del torero en las notas del conocido pasodoble, le ovacionó clamorosamente. Los tendidos blanquearon con el jubiloso ondear de miles y miles de pañuelos, y Domingo cortó orejas y rabo” (ABC, 25 de mayo de 1939).
11º.- PEPE BIENVENIDA:

La crónica de Giraldillo, en ABC, lo relata de esta manera: “De Sánchez Fabrés, antes de Coquilla, era el toro que correspondió a Pepe Bienvenida. En el vestido verde y oro de Pepe, un ancho crespón nos recordaba la prematura muerte de Manolo Bienvenida. Fueron los dos hermanos soldados heroicos en la santa Cruzada nacional. Se batieron en las trincheras. Una enfermedad abatió la joven y fuerte naturaleza de Manolo. Llora la afición su muerte. Hay un vacío y un luto por el joven maestro que se nos fue para siempre. Con Manolo murió un excepcional torero, el mejor representante de la florida escuela de Sevilla, un caballero, un ejemplar ciudadano, un soldado que defendió a su Patria en los campos de batalla. y aquí está, representante de una gran dinastía de artistas, Pepe Bienvenida, con su luto, para continuar el lustre de la casa. Con la capa torea bien, valiente. En banderillas, yo vi la sombra de Manolo. Pepe rindió sobre la arena de Madrid en esta tarde triunfal el mejor homenaje al hermano muerto. Fueron tres pares magníficos. Para banderillear así hay que llamarse Bienvenida. La faena de muleta tuvo personalidad. Pepe hizo la primera parte de la faena en ese gran silencio, casi religioso, que se produce en las plazas cuando se presiente una faena cumbre. y el silencio lo rompió la música, que evocaba bajo el cielo de primavera al torero que se nos fue en la primavera de su vida. Adornado, después de unos naturales y unos pases de pecho, valientes y toreros, colocado el animal en suerte, arrancó Pepe de dentro afuera y consiguió una gran estocada. Se le ovacionó clamorosamente, y el muchacho, junto al luto de su vestido de torero, alzó los honores de la victoria. Las dos orejas y el rabo, taurinos trofeos en esta tarde memorable, se levantaron en las manos de Pepe como laureles para su dinastía de grandes toreros.
12º.- PALOMO LINARES:



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