Saludos cordiales a los aficionados taurinos

En este blog, comenzaré a insertar, anécdotas, curiosidades, datos,... sobre la Fiesta Nacional. Mi intención no es tratar sobre crónicas, noticias, etc, ya que de estos temas, entiendo, ya existen bastantes. Gracias a todos por leerme, proponer sugerencias o aportar datos. También, aquellos artículos que se presten a ello los iré actualizando o aportando nuevos datos. Si alguna imagen no debe estar en este blog, les ruego me lo comuniquen y la retiraré de inmediato. (EL AUTOR DE ESTA PÁGINA NO PUBLICARÁ LOS COMENTARIOS CON INSULTOS).

viernes, 1 de febrero de 2008

* 50 años de una tragedia : el derrumbe de la plaza de toros en Alcalá la Real (Jaén).

(Artículo extraído de la página web: llanillo.com):

En el mundo de los toros cada tragedia inmortaliza un cartel. El de aquel 22 de septiembre de 1.957 pasó a la historia por anunciar el festejo en el que se produjo una de las mayores y mas recordadas tragedias sucedidas en Alcalá la Real(Jaén), el desplome de la plaza de toros que se llevó la vida de seis aficionados, dejó mas de un centenar de heridos de diversa consideración y marcó a la afición taurina de un pueblo que desde entonces siempre mira con recelo los cosos portátiles.


 
(Foto de la plaza derrumbada. Archivo: Manuel Aceituno)

La razón de la presencia de este tipo de plazas de quita y pon está, lógicamente, en la ausencia de una plaza de toros fija, aunque en Alcalá no siempre hemos estado como en la actualidad. Alcalá la Real contó con un coso taurino de fábrica situado en las inmediaciones del antiguo Convento de San Francisco, construido a finales del siglo XIX reutilizando materiales de aquél y que como peculariedad presentaba una doble planta circular-cuadrangular al estilo del palacio de Carlos V de Granada. Es decir, exteriormente no era redonda sino cuadrada, excentricidad arquitectónica muy de Alcalá la Real (por lo de imitar a Granada) y que de haberse conservado constituiría hoy un ejemplar único en España. Esta plaza mantuvo su actividad hasta el 8 de julio de 1928, día en el que una becerrada a beneficio del Asilo que se estaba construyendo en la ciudad puso fin a la breve historia de este curioso coso. Seguramente fuera el mal estado de conservación del edificio lo que desaconsejó su uso, así que como le ocurriera a los Arcos, al Rosario y a tantos monumentos locales, la plaza cuadrada fue víctima de la hispánica tradición de destruir en lugar de rehabilitar y de conservar.
Pero volviendo a la plaza de los lamentos, ni la ausencia de la plaza de toros, ni la Guerra Civil, ni las penurias de la postguerra hicieron desaparecer la afición por la fiesta nacional en un pueblo en el que de vez en cuando despuntaba alguna figura local y del que llegó a salir un notable empresario taurino, D. Francisco Utrilla. Los toros siguieron viniendo por San Mateo gracias a la instalación de plazas de madera, esta vez en la zona llana del pueblo, celebrándose generalmente novilladas y becerradas, en las que rara vez faltaba la actuación de algún autóctono.

En la feria de 1957 la plaza se instaló en la Magdalena, junto a la Carretera de Granada, y el cartel anunciaba al rejoneador Bernardino Landete y a los novilleros Rafael García y José Urquiza "Pepete", este último ídolo local. Los precios de las entradas andaron entre las 35 pesetas en tendido general de sol y las 75 pesetas en barrera numerada de sombra.







Con un lleno casi absoluto(mas de tres mil personas), a las cinco de la tarde dio comienzo el festejo. Landete abrió plaza y toreó a caballo al primer novillo; le siguió el granadino Rafael García y cerró la primera tanda "Pepete" con una faena que encandiló a la afición y que fue premiada con dos orejas, rabo y hasta una de las cuatro patas del toro, junto con una ovación tan generosa que mantuvo en pie a sus paisanos durante varios minutos. En ese momento, cuando "Pepete" recibía el caluroso aplauso del público, se oyó un crujido seco que prevenía del cinturón de acero que afianzaba el armazón de la plaza. Había reventado. Eran las seis menos cuarto y en cuestión de segundos la plaza se abrió como un abanico atrapando a cientos de alcalaínos en su interior.


En los primeros instantes la confusión se apoderá del gentío, pero con la estructura vencida y conscientes de lo sucedido, la serenidad fue imponiéndose y rápidamente los ilesos procedieron a sacar de las entrañas de la plaza a los heridos, la mayoría situados en la parte superior de los tendidos. Todos los coches disponibles en la zona comenzaron a trasladarlos al Hospital Civil, que se vio obligado a desalojar gran parte de la casa cuna para dar cabida a la ingente cantidad de afectados que recibía. A pesar del trabajo frenético de médicos, enfermeras y de todo aquel que con conocimientos básicos de medicina se prestó a ayudar, los heridos se amontonaban y la situación empezó a desbordarse. Ante la magnitud de la tragedia, D. José Garnica, alcalde de la ciudad, pidió auxilio a los pueblos mas cercanos y a las autoridades de Granada y de Jaén, que a lo largo de la noche enviaron varios equipos de transfusión de sangre, médicos y ambulancias para recoger a los heridos mas graves y trasladarlos hasta los centros hospitalarios de ambas ciudades. Al mismo tiempo la Iglesia de Consolación abría sus puertas ante la avalancha de devotos en plegaria por la suerte de los heridos y el Altar Mayor se llenaba de velas como nunca después se ha vuelto a ver. El templo permaneció abierto durante toda la noche.

Fallecieron en el Hosiptal Civil de la calle Rosario: D. Pedro Lizana Veja, de sesenta años; D. Juan Antonio Sánchez Salas, de veinte años y natural de Montefrío, y D. Juan Garrido Martín, de veintidos años. Fueron enterrados el día 23 a las doce y media de la mañana en una ceremonia celebrada en la iglesia de Consolación y a la que asistieron las autoridades provinciales. El comercio local cerró y se supendieron los días que quedaban de fiestas. Días después fallecían en los sanatorios de la Salud y de la Purísima de Granada: D. Marcelo López Castillo y D. José Romero Nieto. Francisco Ramírez Ruíz lo hacía en Jaén. En cuanto a los heridos, las crónicas no llegan a cuantificar el número exacto aunque lo eleva por encima del centenar, ya que muchos, los mas leves, fueron atendidos en farmacias y en casas particulares escapando al control médico.

Como suele decirse en cada tragedia, la cosa podría haber sido peor y la suerte jugó un papel funadamental. En el momento que cayó la estructura el único toro que había en el ruedo estaba muerto, mientras que los toriles se mantuvieron en pie, lo que evitó que los dos que aguardaban en su interior quedaran libres y la emprendieran a cornadas con los aterrados alacalaínos, que ya tenían bastante con reaccionar a los sucedido.

El día 4 de octubre se celebró un funeral por las víctimas y se rezó una salve de acción de gracias. Inmediatamente la justicia abrió diligencias en busca de los responsables del accidente. Puede que la ruptura del cinturón de acero, al margen de la masificación, se debiera a un cúmulo de fatales circunstancias entre las que no cabe desdeñar el posible male stado del cinturón, la irregularidad del terrenno o el montaje defectuoso de la estructura. Según narraron a la prensa algunos testigos, nada mas inicarse la corrida, varias puertas quedaron sin vigilancia y un gran número de personas lograron entrar sin localidad, lo que pudo sobrecargar la estructura de la plaza. Por otro lado, el hecho de producirse el derrumbe en el momento exacto en que el público se encontraba en pie y ovacionando al diestro local "Pepete", hace pensar que el movimiento de los espectadores pudo ayudar a desestabilizar la plaza y provocar el derrumbe.



Las siguientes fotos me han sido facilitadas por Domingo Murcia (Cronista oficial de Alcalá la Real):


























































2 comentarios :

Anónimo dijo...

Buenas tardes caballero.
Me he enterado por casualidad de ésto...
Me ha sorprendido la calidad del blog, pero tratandose de tí, no me esperaría menos.
Que se sepas que te echamos de menos, en especial yo... se me hace grande el laboratorio sin verte todos los días.
Ya te llamo un día de estos y me cuentas como te va.
Harald

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